El periodismo ambiental, importante también en España

Hay quien piensa que en España faltan periodistas ambientales, quizá por la escasa información que se encuentra en los diarios sobre este tema si es comparada con la información política o económica. Sin embargo, nuestro país cuenta con una Asociación de Periodistas de Información Ambiental (A.P.I.A.) así como diferentes agencias dedicadas sólo a informaciones sobre asuntos medioambientales y premios a la labor del periodista ambiental.

Araceli Acosta, ganadora del premio Fundación BBVA de Conservación de la Biodiversidad por su trabajo de difusión y sensibilización, afirma que ” el periodismo ambiental está en peligro de extinción, pero aún puede ganar la batalla digital, un espacio en el que las nuevas generaciones demuestran que la naturaleza interesa”.

Los temas que tratan la ciencia y el medio ambiente, dice Acosta, se caen de la agenda setting ante los escándalos de corrupción política y se olvida que los problemas del medio ambiente trascienden los intereses nacionales, “nos afectan a todos”. Esta mujer de fuerte carácter denuncia que “para salir en portada hay que pegarse con el mundo”. Para Acosta la falta de sensibilidad del propio gremio incide en la proyección de los temas. En su opinión, se confunde lo más urgente con lo más importante o lo más vistoso con lo más interesante.

La periodista afirma que algunos espacios como las redes son “termómetro de la sociedad” y un pulso para seguir el interés que despiertan los temas de medio ambiente, a los que responden muy bien los más jóvenes, porque “la política les cansa”, según asegura Acosta.

Araceli Acosta es un ejemplo de periodistas especializada en el medio ambiente muy a tener en cuenta, pues ha cubierto seis cumbres climáticas y está comprometida con el tema. “Yo no soy científica ni milito en ninguna organización ecologista, pero me apasiona mi trabajo. Creo en lo que hago, en la gran importancia que tiene la información y que tenemos que luchar por un mundo mas sostenible”.

Araceli Acosta en el momento en el que recibió el premio BBVA

Araceli Acosta en el momento en el que recibió el premio BBVA

Por otro lado, la Asociación de Periodistas de Información Ambiental (A.P.I.A.), se creó a finales de 1994 con el objetivo de:

  • defender la libertad en el ejercicio profesional de sus asociados
  • facilitar el diálogo y el acceso a las fuentes informativas
  • velar por la independencia y objetividad de los contenidos informativos y divulgar con rigor la información medioambiental
  • representar a sus asociados en cuestiones y temas de índole profesional

Esta asociación reúne a periodistas que trabajan en el ámbito de la información sobre medio ambiente de todo el país. En la actualidad, más de 200 periodistas profesionales de toda España vinculados al periodismo ambiental se encuentran asociados a APIA, entre cuyos objetivos se incluye, también, la organización de actividades destinadas a promover el debate medioambiental y favorecer el encuentro con personas y organismos nacionales e internacionales que trabajan en esta área.

Los socios de APIA lo son a título individual, profesionales especializados que trabajan para medios escritos o audiovisuales, freelance o contratados. Entre los medios en los que desarrollan su actividad profesional figuran, entre otros, agencias como EFE o Colpisa; medios audiovisuales como Antena 3 TV o RTVE; periódicos como el ABC; revistas como Muy Interesante; ONGs como SEO-Birdlife y muchas otras entidades e instituciones.

Como se puede comprobar, y esto son sólo dos ejemplos, hay muchos profesionales del mundo de la comunicación interesados en el tema y que trabajan día a día sobre ello y son ellos quienes se quejan de la falta de relevancia que se da al medio ambiente en los medios tradicionales españoles. Aseguran que la juventud está mucho más concienciada sobre el cuidado del planeta y afirman esperar a las nuevas generaciones de periodistas para que se consiga poner el punto de mira en lo que verdaderamente importa.

Comité organizador del X Congreso APIA

Comité organizador del X Congreso APIA

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También intoxicamos a las abejas

España es el primer productor dentro de la Unión Europea de miel y polen. Tenemos la cabaña apícola más grande de toda la UE con, aproximadamente, dos millones y medio de colmenas. También tenemos una de las apiculturas más profesionalizadas dentro de la UE. Sin embargo, apicultores españoles aseguran que las abejas están cambiando, que hay nuevos elementos en el medio que les están afectando: desde el cambio climático a los plaguicidas de nueva generación.

Afirman que estos insecticidas afectan muy poco a poco a los animales, pero que la situación es grave. Los apicultores llevan quejándose al gobierno español durante más de diez años de la existencia de plaguicidas con una alta toxicidad y una persistencia muy elevada, llegando a durar hasta cuatro años en el medio. Estos plaguicidas producen la muerte de alrededor del 35% de las colmenas españolas en invierno y afectan de manera directa al sistema inmunológico de las abejas.

La repercusión del declive de las abejas en España es claro. Estos animales ayudan a la polinización de más del 80% de los cultivos usados para consumo humano por lo que, sin ellas, los cultivos descenderían de manera alarmante. Este descenso de su población es uno de los efectos más evidentes del erróneo modelo de agricultura industrial que contamina el medio ambiente y destruye a los aliados de los agricultores, los animales polinizadores.

Debido a la insistencia a los organismos políticos europeos por parte de organizaciones como Greenpeace para reducir la financiación a la agricultura química y promover la agricultura ecológica se ha conseguido que la mayoría de los países de la UE apoyaran el pasado mes de abril la prohibición parcial de los plaguicidas tóxicos para las abejas.

De momento se ha demostrado científicamente que existen en el mercado tres plaguicidas que son perjudiciales para las abejas. Estos plaguicidas son el imidacloprid y la clotianidina, producidos por la empresa química Bayer, y el tiametoxam, producido por Syngenta.

Estos tres plaguicidas son neonicotinoides, un tipo de insecticidas que recubren las semillas antes de la siembra, y que se pueden utilizar directamente en el suelo o pulverizarse sobre las plantas. Algunos informes publicados por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria a principios de este año afirmaban que los neonicotinoides plantean “riesgos agudos elevados”para las abejas. Estos informes desencadenaron la propuesta de la Comisión Europea, que después del apoyo de quince países de la UE (Francia, Alemania, Holanda, España, Bulgaria, Bélgica, Estonia, Chipre, Letonia, Lituania, Luxemburgo, Malta, Polonia, Eslovenia y Suecia) debe detener de inmediato el uso de estos plaguicidas como paso primero para proteger la producción de alimentos y los ecosistemas europeos.

Sin hacer caso de la evidencia científica sobre la toxicidad de estos plaguicidas, empresas como Syngenta y Bayer han puesto en marcha una campaña pública y de presión muy intensa con la intención de retrasar su prohibición, ya que se ha sabido recientemente que otros plaguicidas producidos por estas empresas también plantean una grave amenaza para las abejas y otros polinizadores.

En enero de 2013 un informe realizado por Greenpeace, “El declive de las abejas”, identificó siete plaguicidas tóxicos para las abejas que son producidos por Syngenta, Bayer, BASF y otras empresas, cuatro de los cuales no son neonicotinoides.

Ahora la decisión sobre la prohibición total o no de estos plaguicidas está en manos de la Comisión Europea y no de los apicultores y activistas que tanto han luchado y siguen luchando para que se consiga. Lo que quizá no deberían olvidar en tan ilustre comisionado es que Einstein ya lo predijo una vez, “si las abejas desaparecieran del planeta quedarían cuatro o cinco años de vida a la humanidad”.

No te enfrentes a las multinacionales

En el año 2010 Reporteros sin Fronteras sacó un informe titulado “Unas investigaciones de alto riesgo: deforestación y contaminaciones”. Tras esta denominación se encuentra uno de los grandes problemas con los que se tienen que ver las caras los periodistas que alertan sobre el mal uso de los recursos que hacen algunas empresas: las amenazas y la censura.

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Mayte Carrasco, miembro de la dirección de Reporteros sin Fronteras en España, advirtió el año pasado en la presentación de Otramérica.com que, por desgracia, ha llegado a convertirse en una costumbre el hecho de que grandes industrias contraten a gente para amenazar e, incluso, asesinar a periodistas y blogueros que denuncian en sus medios los ataques que los grandes proyectos mercantiles suponen para la prosperidad territorial y alimentaria, el futuro de ciertas comunidades y ecosistemas.

Además, aseguró que los periodistas que están trabajando en investigación en temas medioambientales en América a día de hoy corren un altísimo riesgo porque las empresas que están encargadas de las grandes industrias contaminantes contratan a personas que les persiguen, que les amenazan y que, el último caso, les asesinan. En el 2009 se denunciaron 15 casos de periodistas y blogueros asesinados, encarcelados, amenazados de muerte o bien censurados por tratar este tipo de temas.

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Los países en los que más se dan este tipo de casos sobre son, sobre todo, Rusia, Camboya, Bulgaria, Brasil, Argentina, Salvador, Gabón, la India, China y Marruecos. Afirma Mayte Carrasco que detrás de las amenazas siempre están las empresas, las mafias y los funcionarios corrompidos por el dinero de las minas y la explotación forestal.

En el informe se tratan asuntos como el problema del “barro rojo”, como se conoce a la tierra contaminada con bauxita procedente de algunas minas de Vietnam controladas por empresas chinas. Las tierras con este metal contaminan el aire, los ríos y las aguas subterráneas así como provocan enfermedades. Además, la eliminación de las tierras contaminadas es imposible actualmente. Muchos blogueros y periodistas disidentes han denunciado la existencia de estas minas sobre todo tras el cierre de una centena de minas en las provincias chinas de Hunan y Sichuan a causa de la grave contaminación.

Nguyen Thi Nhu Quynh, una conocida bloguera del país, fue arrestada en septiembre del 2009 tras publicar en su blog una entrada con fotos de ella misma con una camiseta en la que se podía leer “Alto a las minas de bauxita en Vietnam”. Tras su puesta en libertad se vio obligada a autocensurarse debido a las presiones que vivió durante su arresto y la policía reprimió duramente todas las manifestaciones que se hicieron contra las minas.

En Gabón, el periodista Félicien Biviga Koumba fue amenazado por un francés que controlaba una explotación ilegal de madera en el sur del país. El reportero había revelado las prácticas del empresario francés que enviaba por contrabando madera al Congo para exportarla. En Camboya, el responsable de una revista local fue demandado y es regularmente intimidado por un oficial del ejército del que citó el nombre en un caso de deforestación ilegal. En ese país, la prensa cubre frecuentemente esta cuestión, pero le faltan muchos medios para llevar a cabo largas investigaciones.

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En Marruecos, la “mafia del cedro” es conocida por sus métodos de intimidación contra los que tienen tentación de explicar la explotación abusiva de los bosques de cedro en el Atlas Oriental, en el sureste de Rabat. Algunos artículos al respecto han aparecido en la prensa nacional, pero son pocos los reporteros marroquíes en investigar y exponer las responsabilidades. En efecto, algunos cabecillas de esta mafia se benefician del apoyo de funcionarios locales.

El corresponsal del diario árabe Al-Monataf lo comprobó en persona. Mohamed Attaoui encabeza esa lucha contra la “mafia del cedro” pues es el presidente de la “Asociación futuro para el cedro y el muflón”. Sus artículos molestaban. Fue víctima de un golpe preparado: acusado sin pruebas, fue arrestado y luego condenado en marzo de 2010 a dos años de cárcel, por haber supuestamente extorsionado la cantidad de 1000 dírhams (alrededor de 90 euros). Unas semanas más tarde, fue liberado a la espera del juicio, después de las presiones en Marruecos y en el extranjero. Las autoridades locales deseaban visiblemente deshacerse de Mohamed Attaoui, que se había convertido en la persona que más denunciaba del despilfarro de esa riqueza que supone el cedro, verdadero patrimonio marroquí.

¿Son necesarias las reservas naturales marinas?

No cabe duda de que la respuesta a esa pregunta es un rotundo sí por muchos motivos. Uno de ellos es la preservación de los corales y del suelo marino, pero tan importante como eso es la conservación de la fauna marina. Por ello, desde el año 2008 el Gobierno balear lucha por conseguir un Santuario para el atún rojo y otras especies de túnidos (familia de los atunes).

A esta lucha se ha sumado Greenpeace que ha pedido que España cumpla la legislación europea y declare las Islas Baleares como Santuario Marino. Tras los intentos frustrados de los ciudadanos baleares y WWF que ya pidieron el Santuario Balear con dos Propuestas No de Ley que resultaron ser bloqueadas en el Senado, la ONG se ha puesto manos a la obra para forzar al Gobierno español a no dejar de lado sus obligaciones para con el medio ambiente aun en tiempos de crisis.

Debido a esto el Rainbow Warrior, el barco de Greenpeace estuvo atracado durante todo el verano de 2009 en las Islas Baleares para pedir al Gobierno español la declaración urgente de un Santuario Balear para el atún rojo y otras especies de la familia de los túnidos. Con este acto de protesta quisieron recordar que el Gobierno está obligado por la Unión Europea, gracias a la Regulación Mediterránea, a declarar como Reservas Marinas las áreas de desove y cría de especies en peligro de extinción.

La actual Regulación Mediterránea obliga a los estados miembros a designar zonas de protección para la pesca “donde se protejan las área de cría, las áreas de desove y los ecosistemas marinos de los efectos dañinos de las pesquerías que requieren medidas especiales”. La Unión Europea ha dotado a estos países de las herramientas para la protección de sus mares. Sin embargo, España lleva ya casi seis años de retraso en su aplicación.

La petición de la organización ha coincidido con el reciente anuncio por parte del Gobierno francés de apoyar la prohibición de la comercialización a escala internacional del atún rojo. Además, Francia se propuso que en el pasado 2012 el 10% de sus aguas fueran áreas marinas protegidas y el 20% en 2020 y no va por mal camino.

Debido a un informe científico que ha estudiado las áreas de desove de esta especie gracias al seguimiento de cuatro ejemplares (Shalim, Yarikh, Yamm y Kotha) se sabe que tanto el norte de las Islas Baleares como la costa valenciana y de Cartagena son lugares altamente frecuentados con tal fin.

atún rojo

El atún rojo es una de las especies más sobreeexplotadas del mar Mediterráneo. El Comité Científico de La Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico aconsejó hace más de tres años que las cuotas de pesca de esta especie estuvieran entre 8.000 y 15.000 toneladas para permitir su recuperación. Sin embargo, las cuotas aprobadas son de 22.000 toneladas.

En declaraciones de Celia Ojeda, responsable de la campaña de Océanos de Greenpeace, se ha podido escuchar en numerosas ocasiones la urgencia de la declaración de las Baleares como Santuario para proteger el desove de esta especie al borde de la extinción.

¿Qué es el activismo ambiental?

No es fácil definir una tendencia tan reciente como esta, por ello, lo mejor para el entendimiento total de este concepto es comprender qué es el activismo: El activismo es la acción que se realiza con el fin de efectuar un cambio de índole social o política normalmente posicionada a favor de una postura concreta en un conflicto. La Real Academia Española también tiene en cuenta este movimiento al que define como “dedicación intensa a una determinada línea de acción en la vida pública”.

Si se une el concepto de “activismo” con el adjetivo “ambiental”, podríamos decir que nos encontramos ante una tendencia que toma como base la protección de la naturaleza y el respeto de los derechos de la misma. Estos derechos no siempre están recogidos en las constituciones de los distintos países dónde se vive el activismo de forma voluntaria e, incluso, como una forma de vida, por lo que son los activistas los que deben luchar porque sus países no maltraten demasiado el planeta en el que vivimos.

Esta tendencia surgió cuando la población empezó a notar las evidencias del deterioro ambiental que los propios humanos hemos creado. Con este punto como pieza clave del movimiento, los activistas creyeron necesario difundir el problema con los medios que tuviesen en sus manos y poner de manifiesto el impacto que para la sociedad estaban teniendo sus propios actos.

Los activistas ambientales se caracterizan desde sus orígenes hasta ahora por ver la naturaleza como un sujeto tan importante como cualquier otro ser vivo y no como un objeto que se pueda utilizar al antojo de cualquiera. Además, difunden en su entorno las consecuencias que tienen los actos perjudiciales que realizamos para el medio ambiente.

El fin último del activismo ambiental es la conservación de la naturaleza en su estado puro para conseguir un mejor desarrollo de la humanidad en cuestiones tan importantes como la salud. La misión que desempeña es la de construir entre todos una sociedad donde su principio rector sea la continuidad de la vida de forma sostenible, dejar para los nietos un planeta igual o mejor al que se encontraron nuestros abuelos.

Tales objetivos parecen difíciles de conseguir en un mundo principalmente capitalista. Sin embargo, ¿por qué debe ser una contradicción antagónica la relación del sistema capitalista con la naturaleza? A pesar de la utopía que para algunos supone, el activismo ambiental se propone motivar a la sociedad moderna para su transformación en una que no dañe a nuestro planeta como lo estamos haciendo a día de hoy.

Existen ciertos métodos que pueden hacer que, entre todos, logremos una sociedad mejor, una sociedad ambiental basada en la educación ambiental, la resistencia civil a quienes intenten romper con el desarrollo sostenible y la negación a seguir adelante con el consumo mercantil actual.

Las problemáticas que se abordan en estos momentos a nivel global de manera más activa son: el cambio climático, la pérdida de la biodiversidad, el agotamiento de los recursos naturales, la diversidad cultural, la contaminación del agua, los suelos y el aire y la viabilidad a largo plazo de las energías alternativas.

Parece este camino, el del activismo ambiental, muy duro de recorrer y largo, muy largo. Sin embargo, como dijo Eduardo Galeano, periodista y escritor uruguayo,  “es como el horizonte, das dos pasos y ella se aleja dos pasos…para eso sirve la utopía, te hace caminar”.

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