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También intoxicamos a las abejas

España es el primer productor dentro de la Unión Europea de miel y polen. Tenemos la cabaña apícola más grande de toda la UE con, aproximadamente, dos millones y medio de colmenas. También tenemos una de las apiculturas más profesionalizadas dentro de la UE. Sin embargo, apicultores españoles aseguran que las abejas están cambiando, que hay nuevos elementos en el medio que les están afectando: desde el cambio climático a los plaguicidas de nueva generación.

Afirman que estos insecticidas afectan muy poco a poco a los animales, pero que la situación es grave. Los apicultores llevan quejándose al gobierno español durante más de diez años de la existencia de plaguicidas con una alta toxicidad y una persistencia muy elevada, llegando a durar hasta cuatro años en el medio. Estos plaguicidas producen la muerte de alrededor del 35% de las colmenas españolas en invierno y afectan de manera directa al sistema inmunológico de las abejas.

La repercusión del declive de las abejas en España es claro. Estos animales ayudan a la polinización de más del 80% de los cultivos usados para consumo humano por lo que, sin ellas, los cultivos descenderían de manera alarmante. Este descenso de su población es uno de los efectos más evidentes del erróneo modelo de agricultura industrial que contamina el medio ambiente y destruye a los aliados de los agricultores, los animales polinizadores.

Debido a la insistencia a los organismos políticos europeos por parte de organizaciones como Greenpeace para reducir la financiación a la agricultura química y promover la agricultura ecológica se ha conseguido que la mayoría de los países de la UE apoyaran el pasado mes de abril la prohibición parcial de los plaguicidas tóxicos para las abejas.

De momento se ha demostrado científicamente que existen en el mercado tres plaguicidas que son perjudiciales para las abejas. Estos plaguicidas son el imidacloprid y la clotianidina, producidos por la empresa química Bayer, y el tiametoxam, producido por Syngenta.

Estos tres plaguicidas son neonicotinoides, un tipo de insecticidas que recubren las semillas antes de la siembra, y que se pueden utilizar directamente en el suelo o pulverizarse sobre las plantas. Algunos informes publicados por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria a principios de este año afirmaban que los neonicotinoides plantean “riesgos agudos elevados”para las abejas. Estos informes desencadenaron la propuesta de la Comisión Europea, que después del apoyo de quince países de la UE (Francia, Alemania, Holanda, España, Bulgaria, Bélgica, Estonia, Chipre, Letonia, Lituania, Luxemburgo, Malta, Polonia, Eslovenia y Suecia) debe detener de inmediato el uso de estos plaguicidas como paso primero para proteger la producción de alimentos y los ecosistemas europeos.

Sin hacer caso de la evidencia científica sobre la toxicidad de estos plaguicidas, empresas como Syngenta y Bayer han puesto en marcha una campaña pública y de presión muy intensa con la intención de retrasar su prohibición, ya que se ha sabido recientemente que otros plaguicidas producidos por estas empresas también plantean una grave amenaza para las abejas y otros polinizadores.

En enero de 2013 un informe realizado por Greenpeace, “El declive de las abejas”, identificó siete plaguicidas tóxicos para las abejas que son producidos por Syngenta, Bayer, BASF y otras empresas, cuatro de los cuales no son neonicotinoides.

Ahora la decisión sobre la prohibición total o no de estos plaguicidas está en manos de la Comisión Europea y no de los apicultores y activistas que tanto han luchado y siguen luchando para que se consiga. Lo que quizá no deberían olvidar en tan ilustre comisionado es que Einstein ya lo predijo una vez, “si las abejas desaparecieran del planeta quedarían cuatro o cinco años de vida a la humanidad”.

¿Qué es el activismo ambiental?

No es fácil definir una tendencia tan reciente como esta, por ello, lo mejor para el entendimiento total de este concepto es comprender qué es el activismo: El activismo es la acción que se realiza con el fin de efectuar un cambio de índole social o política normalmente posicionada a favor de una postura concreta en un conflicto. La Real Academia Española también tiene en cuenta este movimiento al que define como “dedicación intensa a una determinada línea de acción en la vida pública”.

Si se une el concepto de “activismo” con el adjetivo “ambiental”, podríamos decir que nos encontramos ante una tendencia que toma como base la protección de la naturaleza y el respeto de los derechos de la misma. Estos derechos no siempre están recogidos en las constituciones de los distintos países dónde se vive el activismo de forma voluntaria e, incluso, como una forma de vida, por lo que son los activistas los que deben luchar porque sus países no maltraten demasiado el planeta en el que vivimos.

Esta tendencia surgió cuando la población empezó a notar las evidencias del deterioro ambiental que los propios humanos hemos creado. Con este punto como pieza clave del movimiento, los activistas creyeron necesario difundir el problema con los medios que tuviesen en sus manos y poner de manifiesto el impacto que para la sociedad estaban teniendo sus propios actos.

Los activistas ambientales se caracterizan desde sus orígenes hasta ahora por ver la naturaleza como un sujeto tan importante como cualquier otro ser vivo y no como un objeto que se pueda utilizar al antojo de cualquiera. Además, difunden en su entorno las consecuencias que tienen los actos perjudiciales que realizamos para el medio ambiente.

El fin último del activismo ambiental es la conservación de la naturaleza en su estado puro para conseguir un mejor desarrollo de la humanidad en cuestiones tan importantes como la salud. La misión que desempeña es la de construir entre todos una sociedad donde su principio rector sea la continuidad de la vida de forma sostenible, dejar para los nietos un planeta igual o mejor al que se encontraron nuestros abuelos.

Tales objetivos parecen difíciles de conseguir en un mundo principalmente capitalista. Sin embargo, ¿por qué debe ser una contradicción antagónica la relación del sistema capitalista con la naturaleza? A pesar de la utopía que para algunos supone, el activismo ambiental se propone motivar a la sociedad moderna para su transformación en una que no dañe a nuestro planeta como lo estamos haciendo a día de hoy.

Existen ciertos métodos que pueden hacer que, entre todos, logremos una sociedad mejor, una sociedad ambiental basada en la educación ambiental, la resistencia civil a quienes intenten romper con el desarrollo sostenible y la negación a seguir adelante con el consumo mercantil actual.

Las problemáticas que se abordan en estos momentos a nivel global de manera más activa son: el cambio climático, la pérdida de la biodiversidad, el agotamiento de los recursos naturales, la diversidad cultural, la contaminación del agua, los suelos y el aire y la viabilidad a largo plazo de las energías alternativas.

Parece este camino, el del activismo ambiental, muy duro de recorrer y largo, muy largo. Sin embargo, como dijo Eduardo Galeano, periodista y escritor uruguayo,  “es como el horizonte, das dos pasos y ella se aleja dos pasos…para eso sirve la utopía, te hace caminar”.

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